Pensar la tradición

A man rides a horse through the flames during the «Luminarias» annual religious celebration on the eve of Saint Anthony’s day, Picture taken January 16, 2016. REUTERS/Susana Vera TPX IMAGES OF THE DAY – RTX22PSH

Repetir y repetir

«No estamos condenados a los mismos errores y a las mismas rutinas. El tiempo no se repite. El tiempo es una aventura de la libertad».
Eduardo Galeano

Soy amante de lo tradicional, la manera en que se entretejen las culturas en la trama del tiempo. Si el arte tradicional exige el precio de una vida de esclavitud innecesaria (hoy día), ahí topa la ética con la estética de lo tradicional y lo costumbrista. Y ahí no tengo dudas. La ética es lo primero. Entiendo que el hombre siempre ha querido preservar sus tradiciones y bellas costumbres ya que estas forman también parte de la identidad colectiva e individual. África u oriente y otros lugares conservan tradiciones importantes y maravillosas, pero hay tradiciones y tradiciones. La ablación femenina, tradicional en muchos países*, es una práctica cultural que debe ser enterrada y condenada al olvido por más que provenga del patrimonio cultural de algunos pueblos. Lo mismo se puede decir de la tortura de animales en festividades tradicionales de occidente y américa, que provienen de un pasado ininteligible a la luz de nuestra comprensión de los animales actual.
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*Según la Organización Mundial de la Salud, más de 200 millones de personas han sufrido mutilación genital femenina, y aproximadamente 3 millones de niñas corren el riesgo de sufrir la espeluznante costumbre cada año.

Repeat and repeat

«We are not doomed to the same mistakes and the same routines. Time does not repeat itself. Time is an adventure of freedom.»
Eduardo Galeano

I am a lover of the traditional, the way in which cultures are interwoven in the plot of time. If traditional art demands the price of a life of unnecessary slavery (nowaday),then they collide ethics with aesthetics of the traditional and the traditions. And there I have no doubts. Ethics comes first. I understand that men has always wanted to preserve their traditions and beautiful customs, since these are also part of the collective and individual identity. Africa or the East and other places retain important and wonderful traditions, but there are traditions and traditions. Female ablation, traditional in many countries*, is a cultural practice that must be buried and condemned to oblivion even if it comes from the cultural heritage of some peoples. The same can be said of the torture of animals in traditional festivities of the West and America, which come from an unintelligible past in the light of our current understanding of animals.

David @elsilenciodeloscaballos

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*according to the World Health Organization, more than 200 million people have undergone female genital mutilation, and roughly 3 million girls are at risk of undergoing the grisly custom each year.

Otredades que desconocemos

Cuerpos que rescatamos, otredades que desconocemos.

Hoy me tocó ir a acompañar a un corderito adoptado por una familia conocida. Fue rescatado con las mejores intenciones, sacarlo del menú de fin de año de una mesa Argentina.
Este pequeño nacido en la primavera, como la mayoría de las ovejas, me hizo pensar en cuántas cosas desconocemos, o no podemos conocer -simplemente por darlo por sentado o- porque no hemos tenido tiempo de reflexionar.

Estando con él alli, en compañía me puse a pensar que este pequeño, igual que los gatos o los perros es un mamífero social (sí, como los caballos y nosotros). Eso los vuelve maleables y vulnerables a la vez, en el sentido de que, pronto se acostumbrará a su nueva familia humana, pero al igual que otros cachorros de mamíferos sociales está sufriendo el fuerte impacto de la pérdida de su familia, de su grupo y de su madre. Le llevará un tiempo darse cuenta de que sus llamados nunca van a ser respondidos -el mismo realidad que le lleva a un gatito o incluso un cachorro o ¿quizás un poco más?

A veces rescatamos pequeños animales sociales que luego de alguna manera abandonamos todos los días, durante muchas horas (porque debemos continuar con nuestras obligaciones),. Han pensado en eso?

En qué momento, una yegua o una obeja abandona a su cría o la pierde de vista, guarda una estrecha relación con que ambas especies no usan guaridas o madrigueras para dejar a sus crías. El desarrollo de estos pequeños depende de la cercanía de su madre en los primeros meses o incluso año. Se que estoy demasiado sensible o demasiado atento a ello, porque hace algunos años crié una pequeña potranca de la cual no me alejé (más de unos metros) en ningún momento de los 4 meses que a ella le llevó comenzar a compartir más tiempo con su hermana y el resto de su familia equina.
Todo esto me hizo pensar en esos cuerpos que a veces rescatamos. Recordé la frase de Jose Schoorl que dice algo así como «quién rescata a un animal que ha sido abusado físicamente para condenarlo a una vida brindando terapias, está salvando el cuerpo de animal pero no su espíritu».


Creo que hay un Universo de cosas al respecto de nuestras acciones con los animales que aún no hemos reflexionado, qué desconocemos o que simplemente no podemos atender porque «lo urgente nunca deja tiempo para lo importante.» Aún así, siempre podemos detenernos a pensar, pensar para romper con el estereotipo de «animalista con síndrome de Viridiana», – ese que no puede irse a dormir sin haber rescatado algo.

Pienso que para coexistir con los animales no sólo debemos entender su sufrimiento o vivirlo, también debemos intentar compartir su mirada, como una manera de no convertirlos en objetos (en objetivos) de rescate, o de nuestras necesidad de sentir que hacemos algo por ellos.

Digo todo esto en una reflexión que nos ayude a profundizar la mirada o por lo menos ampliarla. A mí me toca con los caballos con los que convivo, muchas veces detenerme en el punto en donde ellos me piden respetar su decisión -aunque yo haya decidido qué necesitan, cómo necesitan o cuando lo necesitan. Sé que a veces es mucho más difícil encontrar esos límites cuando el tamaño del otro no genera tanta problemática ni tanto «respeto». ..en todos los casos, es recordar que los animales tienen sus propias subjetividades, sus propias decisiones, intereses, y puntos de vista y que coexistencia no es manejo o administración (que suele ser lo único que mayormente hacemos con los animales estos tiempos).

David @elsilenciodeloscaballos

Querido estudiante de ciencias

En la Facultad de Veterinarias

«Se que muchos están aquí porque les interesan los animales y los aman. También que muchos decidieron estudiar esta profesión porque son personas sensibles a la animalidad, empáticas, conectadas…que quieren hacer el bien a los animales a partir del aprendizaje de las artes curativas. Me parece importante que personas con vuestra sensibilidad decidan recorrer este camino. Creo de todas maneras que es mucho lo que se puede, desde las ciencias veterinarias, hacer en ese sentido. Es en el compromiso con sus deseos y el interés en asistir y cuidar la vida y a los animales, que veo la posibilidad de un cambio en los claustros.
Entiendo también que es muy grande el precio que algunos de ustedes van a tener que pagar para aprender esas artes, esto lo sé desde mi propia experiencia y de la experiencia de muchas personas del ámbito muy cercanas, que en distintos momentos me lo han compartido. Lamentablemente la mayor parte de lo que se aprende hoy día en los claustros de las universidades, en todo el mundo, no es para salvaguardar a los animales o ayudarles, es en función y en beneficio de las grandes industrias que trabajan con ellos. Sabemos que la ciencia veterinaria (entre otras), en este momento trabaja, está sostenida y subsidiada por y para las grandes industrias que la necesitan. Entendemos que la industria alimenticia, la industria cárnica, la industria farmacéutica, la industria del deporte ecuestre, la industria de las mascotas o los zoos y shows con animales, por ejemplo, hacen posible que haya mucho trabajo, para algunos veterinarios, mucho dinero en juego para algunas investigaciones y algunas prácticas profesionales…

No sé cuál sería la función principal de la ciencia veterinaria o mismo de la biología, sino preservar, investigar y fortalecer la Vida. Creo que es el camino que yo elegiría si estuviera dedicado a estudiar las artes curativas o la comprensión de las manifestaciones de la vida en el planeta. ¿Qué sentido tiene una ciencia de la vida si su objetivo no es cuidarla y defenderla, acaso se puede estudiar para terminarla y destruirla ? Como dice de Giorgio La ciencia animal sin ética animal se convierte en una ciencia oscura, que busca justificación para la explotación de la animalidad

Parte de la crisis ambiental planetario que hoy vivimos deriba de una fuerte contradicción dentro de los ambitos de estudio y académicos de “las ciencias de la vida”.

Una ciencia veterinaria al servicio de los animales.

Me parece importante que si hay algunos de ustedes que desean tener otro tipo de tarea en el ámbito de la ciencias veterinarias, que sienten que no necesitan dejar de amar a los animales para poder curarlos o que no necesitan cuestionarse la posesión de un fuerte sentido de la ética o su moral propia para aprender las artes de la curación animal, creo que debería haber un espacio académico mas propicio para eso.

Lo primero que debemos re pensar es que la consideración que tenemos de los animales es esta valuación que hacemos de ellos como objetos de comercio o de posesión . Mientras los animales sean considerados un producto de la industria animal -quienes los vemos y los consideramos entidades subjetivas de la animalidad no humana- vamos a confrontar siempre con una contradicción respecto de los valores que nos trajeron aquí. Quienes consideremos la animalidad como una forma personificada de la vida nos vamos a sentir fuera de lugar en estos ámbitos académicos y vamos a tener que lidiar con muchas dificultades ajenas al proceso de enseñanza aprendizaje pero ligadas a la convivencia, la filosofía y la ética que prevalezcan en esos ámbitos. No pienso que todos tienen que sentir o pensar al respecto de los animales no humanos de la misma manera dentro de las facultades o institutos de ciencias veterinarias, pero sí creo que esos ámbitos deberían por lo menos no ser hostiles a los estudiantes y profesores amantes de los animales.

Entre otras cosas, me refiero a que a algunos de ustedes van a considerarlos demasiado cuestionadores, demasiado inteligentes, no convencionales pero sobre todo demasiado sensibles, demasiado conectados, demasiado preocupados del otro, del animal.

Por otro lado, cuando se les advierta (directa o indirectamente) que con “esa sensibilidad” ustedes no van a poder desarrollarse en el ejercicio de la profesión correctamente, cuando se plantee que ejerciten cierto tipo de objetividad (que les permitirá trabajar mejor), pongan atención en no desconectarse y perder la sensibilidad o caer en la objetivación del otro. Desconfíen de la argumentación falaz que los descalifique “científicamente” por su sensibilidad, su empatía o subjetividad. Lo contrario es más cierto, la sensibilidad y la empatía son enriquecedoras de una ciencia muchas veces fría y mecanicista.

La insensibilización no es el camino a la riqueza personal, o al conocimiento sino más bien a la pobreza de espíritu o de humanidad. En general eso es una metodología para crear soldados, personal sin ética o sensibilidad hacia el otro o para crear obediencia. Gente que tiene que cumplir funciones sin sentir o sin plantearse lo que pasa, sin preguntarse que es lo que le está pasando al otro.

Me parece que las ciencias veterinarias son un abanico de conocimientos y técnicas muy amplio en las ciencias animales, es muy probable que todos los interesados en ellas puedan convivir con el conocimiento necesario para dejar de tratar a los animales como meros alimentos sin procesar, recursos de la industria o entidades subordinadas a la producción y la economía. La industria alimenticia puede tener sus aprendices y cultores -necesarios en la sociedad actual-, pero lo que también necesitamos son personas que investiguen, que curen, que interpelen la animalidad y puedan hacerlo libremente y no subordinados a la ciencia esclava de la industria animal. Sé que esas personas existen y muchos podrían ser ustedes. Personas y ámbitos que permitan la alteridad, que alienten otras posturas frente a los animales no humanos, que profundicen en los conocimientos científicos desde un fuerte sentir de la ética animal.»

David @elsilenciodeloscaballos

Notas:

Decidí resumir la Carta abierta en la facultad de veterinaria de 2017 por una foto de estudiantes de «veterinaria de animales silvestres», en Mundo Marino, posando junto a Kshamenk y la reflexión que eso me generó

Una petición hace muchos años en change org http://chng.it/PNdqhJYX5n

El tapiz de la vida

La naturaleza, que me gusta definir como el tapiz de la vida, del que formamos parte, que nos entreteje y nos atraviesa.
Y esto no es simplemente una frase poética. Parada como estoy en el suelo que dio origen a Cervantes, a Federico García Lorca, a Miguel Hernández, y tantos otros, sería una mala idea de mi parte intentar hacer aquí mala poesía. Digo que el tapiz de la vida nos entreteje y nos atraviesa porque eso es lo que indica la más completa y actualizada evidencia científica.

La naturaleza es fundamentalmente relaciones, es un construir y moler y rehacer siempre con los mismos materiales. Todas las personas que estamos aquí, y también los bacalaos, los tigres, las lombrices, los tomates que languidecen en el supermercado y las levaduras que levantan el pan, estamos hechos con los mismos átomos que se vienen tejiendo y destejiendo y retejiendo desde hace millones de años.

Estos átomos antiguos primero formaron parte de esa persona que dibujó el bisonte en Altamira, no muy lejos de aquí, luego se reciclaron para formar a los murciélagos que dibujó Goya y para formarlo a Goya mismo, luego Goya y sus murciélagos acabaron en el compost, entonces algunos de los átomos fueron a formar los jazmines y las hormigas de García Lorca, y las cebollas y las abejas de Miguel Hernández y otros átomos cruzaron el mar, algunos como madera de un barco, otros como algunos de mis antepasados, que iban dentro del barco; otros átomos más se hundieron en el mar y ahora son parte de los bacalaos.

Y en este maravilloso entremezclarse, el alquimista supremo son las plantas. Lo damos por sentado, pero cada día las plantas verdes llevan a cabo el increíble acto de transformar las moléculas inanimadas del aire, el agua y el suelo en vida para todo el planeta y también en alimento, cobijo e historias, para los seres humanos.

Por eso esta idea de que la naturaleza está afuera, de que no tiene que ver con ustedes es, en todo el sentido de la palabra, una postverdad.

En verdad, la gente está inseparablemente conectada con la naturaleza desde siempre, y hoy vivimos en un mundo mucho más conectado que nunca, que nunca antes en la historia, pero esto no lo ha hecho un mundo más justo.

La aspiración de consumir y acumular siempre más avasalla el derecho universal de gozar de una relación plena con el tapiz de la vida. Esto es porque, siguiendo las leyes de la física y la biología, si demasiadas hebras se devoran o se desechan en un sitio del tapiz inevitablemente se producen rajaduras y agujeros en otros sitios del tejido.

Y no estamos hablando de unos pocos agujeros, hay cada vez más agujeros y están muy mal distribuidos, en un proceso de injusticia ambiental global a una escala inédita.

¿Qué hacemos entonces? ¿Renunciamos a una pasión que viene durando millones de años? Nuestros estudios dicen que no necesariamente; indican que hay muy poco tiempo y va a ser muy difícil, pero aún estamos a tiempo de retejer este tapiz y de re- entretejernos en él.

Cada hebra es muy frágil, pero el tapiz en su conjunto tiene la robustez de los muchos, una robustez hecha de innumerables fragilidades entretejidas.

Dedico este premio entonces a todos los frágiles, de cuyo amoroso batallar depende hoy y dependerá en el futuro, la persistencia del tapiz de la vida.

Sandra Myrna Diaz bióloga argentina, premio Princesa de Asturias 2019 de Investigación Científica y Técnica

Barreras

Es cierto que la realidad nos impone trabas, límites, escollos, barreras y distintas circunstancias que ponen en conflicto nuestros valores, nuestras capacidades, nuestros sueños o ideales. La sociedad y el sistema actual son esclavistas y opresores de sus propios integrantes así como de otras especies y culturas.
No somos libres, ¿porqué pretender la liberación de los caballos y otros animales?
Aun teniendo todo en contra, ¿dejaremos de pretender la nuestra? Dejaríamos de anhelar la «felicidad» o «libertad» de nuestros hijos, o de las futuras generaciones porque la vida está llena de escollos, limitaciones o sufrimiento?
¿No buscaríamos, acaso intentar a allanarles el camino (sobre todo cuando nosotros tenemos la capacidad y ellos aún no)?.

Cuando me refiero a “felicidad” o “libertad” respecto de los otros animales, no estoy hablando otra cosa qué darles la oportunidad de hacer sus propias vidas, si está a nuestro alcance, de devolverles la soberanía sobre sus tiempos, de su espacio, de sus cuerpos, de sus decisiones… y todo esto sin exigirles nada a cambio.

Soy consciente de que los caballos que viven conmigo en muchos sentidos son no libres y -como la mayoría de los caballos- llevan una vida que depende en gran medida de lo que yo pueda ofrecerles. Es en ese sentido que mi trabajo y mi relación se base en ver cómo puedo ofrecer eso que les fue arrebatado por la domesticación y las circunstancias de su historia personal.
Lamentablemente nuestra cultura nos pone en un lugar en donde las chances de hacer las cosas con ética nos terminan llevando, muchas veces hacia una vida a contrapelo o a contracultura. Debemos elegir si realmente queremos intentar alternativas y distintos modelos de coexistencia o convivencia con otros animales que viven en nuestra cultura (aún sabiendo que la tarea no es fácil) o nos conformarnos con los argumentos que justifiquen de buena manera, el penoso rol que nos convierte en sus carceleros.

David @elsilenciodeloscaballos

Romanticismo antropocéntrico

Ilustración del libro Y le susurré al caballo.  Artista Tamara Esposito 

Los interesados en conocer realmente a los caballos, aprender de ellos, relacionarse respetuosamente, no pueden menos que dejar de verlos en pos de sus propias necesidades, de sus sueños, de sus expectativas o anhelos. Detrás de esa bruma, de ese ruido se encuentra el caballo. Podría romantizar y decirles que está alli esperando a ser descubierto, listo para contactarnos o enseñarnos, pero ¿no estaría cayendo en una especie de antropocentrismo poético? Es cierto que muchos caballos tienen un alto grado de síndrome de estocolmo, cierto es que muchos seres se adaptan, se conforman o se someten. Pero en definitiva la realidad es que el caballo está ahí, resignándose a su suerte, invisibilizado por nuestros anhelos, nuestros intereses, nuestra incomprensión o egoísmo. Toda romantización en ese sentido, lo invisibiliza, al hacerlo objeto de nuestros anhelos de amistad, de crecimiento o sanación personal. Si hay un camino junto a los caballos es el de la liberación personal. Liberarnos de los anhelos, de las fantasías, despertar la mirada que ve al otro y actúa de tal manera que lo libera, lo empodera y dignifica. Es cuando estar junto a los caballos, te permite en todo caso dejar de ser parte del problema para convertirte en parte de la solución.

David @elsilenciodeloscaballos

 

Puntos de vista

Foto de New Animalbook en Facebook

Continuamente debemos hacer un esfuerzo por subvertir el orden «natural» de nuestra cultura (esclavista) que nos impone una mirada del animal no humano como algo incapaz de ser alguien, o en caso de aceptar la posibilidad de que el otro exista, lo hará desde una existencia menor, menos evolucionada, menos compleja o desarrollada, etc.
Somos tan humanitarios que estamos apunto de dar un lugarcito a esos pobres animalitos en nuestro mundo, a los carentes de humanidad, los rezagados en escalera, las mentes simples, las existencias básicas y ausentes de derechos; derechos que se han vuelto la nueva moneda con que se paga la existencia, derechos que son otorgados por quiénes somos «dignos» de otorgarlos, pues ese ojo que estoy viendo, es ojo por qué yo lo veo, no porque me ve.
Por mucho que consideremos a los animales se nos hace casi imposible otorgarles un punto de vista quizás porque -como diría Viveiros de Castro sobre la visión de las culturas amerindias- «es sujeto quien tiene alma y tiene alma quién es capaz de tener un punto de vista»
Reconocer el punto de vista del animal no humano, no es otorgarle un derecho -cómo quién entrega un micrófono o da acceso a un altavoz (pues la mera existencia del derecho invisibilizan la existencia como la creación del altavoz enmudeció la voz desnuda). Los derechos suelen imputar necesidades, el punto de vista no es plausible de ser ganado o perdido, recuperado u otorgado, no demanda obligaciones, no se ejercita simplemente es la puerta de otra mirada, Y esa mirada aunque yo cierre los ojos aún asi me ve.

David @elsilenciodeloscaballos

#masanimalidad

La inteligencia domesticada

Durante los últimos siglos de la historia del homo domésticus, se ha intentado constatar de manera asertiva o científica la capacidad de los caballos ( y otros animales ) de pensar y de sentir de manera tal de encontrarla reflejada en el modo que lo hacemos los humanos. Esto dió como resultado un amplio abanico de respuestas sobre esa «humanidad» que buscábamos en los animales no humanos. Los animales no han dejado de «sorprendernos» y esto, creo se debe, no a sus capacidades, sino a nuestras barreras conceptuales – incluso más que perceptuales.
Paradójicamente con los mismos conceptos o parámetros de humanidad, que nos acompañan desde el nacimiento de la filosofía de Occidente, cada vez podemos apreciar más claramente que el hombre civilizado no es un gran exponente de las capacidades de inteligencia y sintiencia humanas, cuya existencia nos afanamos en afirmar o negar en el resto de los animales.
El cachorro que intenta morderse la cola, sería una imagen (algo demasiado simpática, probablemente) que desde una perspectiva distinta podría representar toda esta triste puja de valores y jerarquías que han modelado la filosofía y la ciencia de lo humano y lo animal, desde los inicios de la domesticación.

David @elsilenciodeloscaballos

#masanimalidad

Más allá de Nietzsche

Cuestionarnos más allá de todo, es lo que realmente nos hará evolucionar. Ve, pero no te detengas hasta salirte del patriarcado y sus espejismos

 Del educativismo en la crianza de animales no humanos:

Creo que no deberíamos esperar a que se comiencen a cerrar los centros de explotación, los mataderos, o se «veganice» la sociedad, para preguntarnos qué será de los animales cautivos dependientes (incluso ese que vive junto a nosotros y es parte de la familia)

La completa asimetría que desde mucho tiempo gobierna el vínculo entre los animales no humanos y nosotros, está a su vez naturalizada por los hábitos, las costumbres, y los modos de apropiación característicos de nuestra cultura. La ignorancia, el desconocimiento y la falta de conciencia son en gran medida los responsables de grandes dosis del daño que hacemos a los otros y al mundo natural. Mas, no nos equivoquemos hay también gran daño plagado de buenas intenciones hacia todos los animales qué sirven a nuestros deseos de compañía, de contacto y de «amor incondicional». La domesticación nunca encontrará sostén en ningún tipo de ética, sea ésta humana o interespecies.

¿Qué pasará con los rescatados? ¿con los creados para servirnos o para entretenernos? ¿Le permitiremos hacer sus vidas? ¿Cuántos de esos han elegido ser el soporte emocional de un ser humano emocionalmente equilibrado -o no tanto-?

El animal funcional o funcionario, el animal mascotizado es ese que, en su situación de ser “amado” en una sociedad antropocéntrica, o mejor dicho desde nuestro antropocentrismo, también es dañado o deprivado de su animalidad. Incluso cuando esta deprivación y este uso se disfracen de cuidados o se justifiquen en el amor que sentimos hacia ellos. Objetivar a los animales, no significa solo comerlos o explotarlos, muchas veces lo hacemos cuando les pedimos que se conviertan en algo que nosotros consideramos apropiado para los animales, debido al desconocimiento de su naturaleza ―que todavía es mucho― o al no reconocimiento de su subjetividad.

Ver al otro dueño de su subjetividad, soberano de su cuerpo, responsable de sus elecciones, integro, seria algo que deberíamos hacer naturalmente incluso cuando ese otro es un niño o un animal. La verdad es que los amantes/defensores/representantes/activistas de los animales somos a veces inconscientes de lo que requeriría una coexistencia respetuosa con otro ser (principalmente de otra especie). Es común ver un animal adulto, mas bien como se suele ver a los niños, como a seres dependientes a los que tratamos como a ese alguien que nos pertenece o nos debe obediencia/ agradecimiento/ respeto -como al niño con el cual ejercemos cierto tipo de adultocentrismo- simplemente por creemos que así debería ser)… En definitiva, ver desde otra perspectiva realmente, será difícil para muchos de nosotros. el tema es que mientras no lo hagamos no importa en el nombre de cuántos derechos luchemos, de cuántas vidas o sufrimientos, ..seguiremos borrando con una mano lo que escribimos con la otra

Me hago estas preguntas cuando veo cuántos animales son salvados hoy de la muerte o rescatados del abuso y condenados en mascotismo. De todas maneras siendo conscientes de la subjetividad, el derecho a la independencia, la necesidad de soberanía personal sobre cada cuerpo propio y el cuidado de la integridad del otro ( sea este niño o cautivo dependiente no humano- es mucho lo que podemos ir haciendo para deconstruir el domesticativismo de nuestras mentes educadas. Como homo domesticus urbanus ni animalistas en general y ni tampoco los veganos se eximen de ese estado que combina educativismo, indefensión aprendida y síndrome de estocolmo, en la crianza de sus familiares no humanos.

Cuestionarnos más allá de todo, es lo que realmente nos hará evolucionar.
Ve por la vida activista, vegano o lo que quieras,  anda,  pero no te detengas hasta salirte del patriarcado y sus espejismos

El nuevo paradigma será antisistema o no será más que una nueva metamorfosis, una nueva cabeza de la hidra.

David @elsilenciodeloscaballos

Salvaje y libre te quiero, pequeña criatura

En defensa de lo animal en la educación y en contra de la educación animal

El principio social

Según varios primatólogos y estudiosos de otras áreas, la idea de que somos egoístas y competitivos «por naturaleza» y la sociedad nos socializa es infundada. Franz de Waal, el primatólogo, por ejemplo, hace hincapié en que descendemos de primates altamente sociales  y nos recuerda que nuestra «naturaleza social» contradice la imagen de que «el hombre es el Lobo del hombre». El neurobiólogo Robert Sapolsky nos sitúa entre los «políticos» chimpancés y los primates más «altruistas» y cooperativos, y algunos otros estudiosos, más cerca de los sus primos «hippies» los bonobos, debatiendo si somos esa especie «violenta y competitiva por naturaleza» o si por el contrario, somos naturalmente amorosos y cooperativos. Hoy son cada vez más los que sostienen que somos seres amorosos y que es la crianza la que permite de nuestra esencia, su expresión. Pero esto es muy difícil de creer para quienes observan con escepticismo las sociedades humanas civilizadas pretéritas y presentes.
La causa parece ser nuestra sociedad, patriarcal, competitiva, egoísta y distanciada de los modelos asociativos. Pero, ¿cómo llegamos a este estado, si en esencia somos lo opuesto? Uno de las claves podría estar en (que) la domesticación de nosotros mismos el efecto colateral de la domesticación de la naturaleza bajo los modelos (modos) de crianza, se oponen a través de una educación autoritaria y de ciertos códigos de convivencia, castigos, reglas, etc. Pero estos supuestos límites en función de nuestro bien y el bien de los otros, en realidad no son límites que demarcarán el camino a la convivencia pacífica y armoniosa, sino que son en gran medida (o en su gran mayoría) intentos de domesticar la animalidad humana. De modo análogo a domesticar un animal o domar una fiera, civilizar a un humano es limitar en este lo “salvaje” porque se lo asocia con lo violento, lo egoísta, y la competencia sin reglas (ya que aprobamos y hasta incentivamos la competencia pero prácticamente nunca desregulada).
Si lo piensan bien, se trata de un temor inculcado. No hay ninguna animalidad humana para domesticar y deberíamos revisar en profundidad eso, pues esta causando mucho malestar cultural, sobre todo en los seres mas indefensos. Contrariamente a lo que se cree, la animalidad humana es necesaria y su domesticación responde a un propósito de sometimiento, obediencia y control, ajeno a la socialización, a la educatio polis o al bien del individuo (sea este humano o no humano).

Hacer animaladas y comportarse como bestia. El contexto historico.

La animalidad humana ha estado asociada con «la Bestia» (lo amoral, lo inmoral, etc), con ese “salvaje” que, como una fiera, podría hacerse daño a sí mismo o hacer daño a otras personas, un ser egoísta o antisocial. Esa es la fantasía del «civilizado». La posible animalidad en nosotros produce un temor que el patriarcado¹ de la era antigua —donde bestias, mujeres salvajes y hombres bárbaros se educaban a latigazos— fue generando en nuestras «almas» domesticadas. Fue la demonización de lo salvaje o de lo natural, de la cristiandad medieval, donde El demonio era animal —noten que tenía patas de cabra, rabo y cornamenta²—, por ejemplo.
El miedo civilizado ha proyectado una sombra sobre lo animal, a veces incluso relacionado a la bajeza. El camino ascendente de la humanidad hacia la “luz de la razón” se fue transitando a medida que (esta) se desprendía un poco más de esa «bajeza». Cuerpo y mente, espíritu y materia se separan, y el hombre civilizado debe ejercer el dominio sobre lo instintivo y carnal. Todo lo que representa a la animalidad o a lo biológico en el ser humano es combatido. Sus instintos y sus pulsiones tratan de ser controlados. El cuerpo de la humanidad actual es un cuerpo acallado y domesticado.
Mas lo animal siempre está enraizado en el presente y en la tierra. La pérdida de nuestra animalidad nos despoja de saberes del cuerpo y, esos “poderes” que los animales poseen, como pronosticar el clima, seguir los cursos, detectar peligros o reservas de agua, nos son
ya desconocidos. Escuchar, “leer” o mejor, sentir la naturaleza con los ojos y oídos de su animalidad eran (son) facultades normales del ser “humano silvestre” (salvaje). “Sabemos ahora, por ejemplo, que las poblaciones polinésicas solían viajar mar adentro de noche con solo sus cuerpos como compás, pudiendo notar por las vibraciones de las olas las distintas vías para dirigir los botes a la costa.” (Federici, 2016)
Pero todo esto fue temido u olvidado en el mundo civilizado, donde cuerpo y voluntad fueron sometidos desde fuera —por la misma civilización— y desde dentro —pues como el yo se siente consciencia, alma o mente que civiliza al cuerpo, se impone sobre este—. En la civilización que se construyó en la esclavitud de los cuerpos, el adagio dice: «La mente controla al cuerpo», pero en realidad sería “la mente somete al cuerpo”.

Es por eso que tanto los niños como cada uno de nosotros, debemos ser rescatados de nuestro estado primigenio, incivilizado, del estado “impuro y violento” en el que se nos ha dicho que nacemos. El humano debe controlar sus pasiones y sus emociones, quitarse la animalidad, someter el salvajismo y civilizarse. Así se adueña de “su persona”. El yo “necesita” civilizarse y controlar la parte animal que lo habita.

A mi modo de ver, esta barrera humanista, que hemos planteado desde el logos antropocentrista —el culto a la máquina, la tecnología, la ciencia y la educación³ como así también su liturgia—, deja afuera la parte de nosotros que más nos era (ha sido) necesaria para coexistir dentro del mundo (la biosfera) y no desde fuera de este, intentando convertirlo a nuestra medida “civilizada”. La antroposfera, el mundo que hemos creado para la humanidad, es como una gran polis griega, extremadamente selectivo sobre quien posee derecho a ser respetado y con su humanismo recalcitrante ha esclavizado el planeta en nombre de la humanidad.


Lo salvaje y lo amoral. Sentir la ética y la moral desde el cuerpo y lo animal
La “animalidad humana” es parte de la biología del ser humano, que a su vez es parte de la biología de los mamíferos sociales —que somos— y del linaje evolutivo humano. Somos mamíferos con un cuerpo biológico que ha evolucionado para nacer en un periodo tan critico de su desarrollo³ que sin una familia no sobreviviríamos, lo que significa que nacemos en la expectativa de una familia que nos quiera, o sea, de un primer ámbito social amoroso y de aceptación —esa posibilidad, diría Humberto Maturana, que dio lugar al lenguaje humano, la necesidad o el interés de querer estar juntos y querer permanecer juntos. Al decir del biólogo, nacemos en la expectativa de amor, eso involucra la animalidad humana: somos animales que, evolutivamente, nacemos dispuestos a lo social y a lo amoroso a menos que seamos educados en la competencia, el control y el miedo a la libertad.

¿Para qué recuperar la animalidad, esa parte perdida del humano civilizado, ninguneada en la antroposfera y proscripta en la educación de la sociedad patriarcal?

Los sistemas vivos responden principalmente a una coherencia estructural evolutiva. Debemos devolver a la Biosfera el estado salvaje que le es propio, y que es arrebatado, segundo a segundo, por la antroposfera, así como necesitamos devolverle a nuestro ser el potencial de su animalidad. Deberíamos hacerlo antes de que el cambio producido por una crianza y un desarrollo que condenan y persiguen una parte esencial de nosotros, sea tan grande que no tenga “vuelta atrás”, pues sabemos que la epigenética juega una parte importante en la evolución de los seres vivos.

Animalidad, al contrario de lo “humano” —que es excluyente—, se presenta hoy como concepto que nos incluye y tiene para mí el atractivo de evocar ese estado o existencia natural del hombre animal, salvaje, ese plano corporal tan olvidado, negado y domesticado de nuestra existencia humana.

… la materia no es estúpida, no es ciega, no es mecánica, sino que tiene ritmos, tiene lenguaje, y es auto-activada y auto-organizante. Nuestros cuerpos tienen razones que necesitamos aprender, redescubrir, reinventar. Necesitamos escuchar su lenguaje como sendero a nuestra salud y sanación, así como necesitamos escuchar el lenguaje y los ritmos del mundo natural como sendero a la salud y sanación de la tierra. Dado que el poder de ser afectado y afectar, de ser movido y moverse, una capacidad que es indestructible, agotada solo con la muerte, es constitutivo del cuerpo, hay una política inmanente residiendo en él: la capacidad de transformarse a sí mismo, otros, y cambiar el mundo.» Silvia Federici

 

David @elsilenciodeloscaballos


Notas
1 El yo patriarcal, encarnado en un cuerpo animal, produce la dicotomía cuerpo-alma, la puja de lo superior sobre lo que se considera inferior, la lidia con los “bajos instintos”, la impureza del deseo sexual, la lascivia de la carne y otros atributos, considerados negativos y asociados a lo corporal. Esto se hizo muy evidente en la formación religiosa de la sociedad occidental de los últimos dos mil años. Silvia Federici dice en su artículo Alabanza al cuerpo danzante: “he mirado a las estrategias que el capitalismo ha empleado para lograr esta tarea y remodelar la naturaleza humana, en la misma forma en que ha tratado de remodelar la tierra para hacer el suelo más productivo y convertir a los animales en fábricas vivientes. He hablado de la batalla histórica que ha librado contra el cuerpo, contra nuestra materialidad, y las muchas instituciones que ha creado para este propósito: la ley, el látigo, la regulación de la sexualidad, así como las miríadas de prácticas sociales que han redefinido nuestra relación con el espacio, la naturaleza, y unos con otros”.

2 Un demonio convertido a La Bestia o el anticristo que antes de su caída poseía los atributos físicos de Jehova, Cristo y los demás ángeles. Es remarcable que eso fuera tan abominable en la mítica cristiana y que por otro lado sociedades que veneraban la naturaleza tenían por algo bueno figuras humanas con partes animales. El antropomorfismo (dar a los dioses y sus mensajeros formas humanas) nos indica el grado de antroponcentrismo de esas sociedades.

3 Exterogestacion o gestación extrauterina es un periodo de la vida del bebé en el que se completa su desarrollo, aproximademente 9 meses después de nacer.

4 Paradójicamente, desde ideas de nuestra biología, ecología y otras ciencias, lo humano esta incluido en el reino animal, pero en un mundo de corporaciones (in)humanas que lo gobiernan por encima de los “seis reinos de lo viviente”, términos como animal humano, así como biosfera o incluso biofilia, devienen en meros conceptos abstractos o filosóficos.


Bibliografía
La domesticación de la animalidad y su reflejo, el educativismo en la civilización moderna. David Castro
In Praise of the Dancing Body, Silvia Federicci https://godsandradicals.org/2016/08/22/in-praise-of-the-dancing-body/, Silvia Federici