Diálogos II

Espero que todos puedan establecer un diálogo con el caballo. Es siempre muy movilizador cuando el caballo se reconoce escuchado y comienza a mostrarse como quien es. Creo que ese es una de las partes más hermosas del camino que nos toca recorrer ahora, junto a los caballos y los animales en general, pues en los actos de reconocimiento frente a la otredad es que todo termina de cobrar sentido  o en palabras de Deleuze «y es que las nociones para la descripción del mundo permanecerían vacías e inaplicables, si el otro no estuviera ahí expresando mundos posibles»

Por supuesto nadie necesita saber de caballos para dialogar con ellos, quizá hoy día sea más necesario confinar todo lo que se sabe en el más absoluto olvido. Quién no tiene intención de controlar, sino de escuchar y comprender está muy cerca de entender a su caballo aun siendo la primera vez que ve un caballo en su vida.

«Un joven, que vivía junto al mar, amaba gaviotas. Cada mañana al amanecer iba a la playa y jugaba con ellas. Cientos de gaviotas venían a él, revoloteaban a su alrededor y se quedaban cerca suyo sin volar. Su padre le dijo: – He oído que a las gaviotas les gusta jugar contigo. Atrapa algunas pocas para mí, así puedo jugar con ellas también -. A la mañana siguiente, cuando el joven fue a la orilla del mar, las gaviotas se abalanzaron sobre en el cielo, pero ninguna descendió a él.» Lie Yukou

David Castro

Diálogos

 «La mayoría de las personas piensa que la comunicación es hablar, decir algo. La verdadera comunicación es escuchar, ya que si nadie escucha hablar es inútil»
Puede haber un diálogo a partir del lenguaje corporal, de lenguaje hablado, del lenguaje escrito.. Dialogar es algo distinto a reaccionar, incluso diferente a comunicar pues siempre la complejidad y la riqueza del diálogo los exceden. Hay un diálogo cuando hay más que palabras o mensajes, cuando hay más que lenguaje corporal. Puedo decir algo y el otro puede escucharlo, pero puede no haber dialogo.
Aprendemos como se comunican los caballos o como comunicarles cosas pero el diálogo, o lo que yo llamaría diálogo implica una interacción distinta que se produce por la participación activa de ambos y el acuerdo (o el desacuerdo). No es necesariamente una cuestión de aprender etología, ni la telepatía, más bien de respeto de la libertad del otro y de considerarlo como un par. Para mi debe haber el encuentro de dos mundos, de dos realidades, de dos interpretaciones que tratan de reflejarse una a otra, de comprenderse una a otra. De esta manera construiremos un diálogo con el otro, un lenguaje para comunicarnos, para compartirnos mutuamente y conocernos.
David Castro

El Líder de la manada y Ratoncito Pérez

                                                                       

          Anarquía significa «sin líderes», no «sin orden»
                                                                                            V De Vendetta

 En un estudio que se publicó recientemente sobre el concepto de liderazgo en las manadas de caballos, se encontró que no existen signos de que haya un individuo particular que se muestre «líder» en la manada, al que todos sigan, que inicie los movimientos grupales o que convenza a otros miembros del grupo para moverse más rápido. De hecho los investigadores¹ encontraron que la toma de decisión no era de uno sino que era «comunitaria», un consenso parcialmente compartido entre un grupo de caballos.
El reconocimiento de la importancia en la manadas del comportamiento afiliativo de los caballos ha sido hasta ahora soslayado por ser algo casi desconocido y difícil de comprender en nuestra sociedad moderna, tal vez.
Sé que te han dicho que los caballos tienen líderes, que el líder es importante y que tú debes serlo –incluso que si eres una persona “espiritual o evolucionada” los caballos te reconocerán como su líder natural. Como suele confundirse muchas veces jerarquía y liderazgo, probablemente estés confundido por lo que te han dicho y/o por lo que hayas observado (pues salta más a la vista una pelea o una imposición que otros comportamientos) de las jerarquías en los caballos domésticos. Esto mismo pasó con los lobos en donde la manipulación humana, en los grupos que se estudiaban, había causado la mayoría de los comportamientos emergentes o anormales que se registraban en esos grupos -y fueron tomados por normales en el comportamiento social de esos cánidos.
Los líderes en el negocio del liderazgo con los caballos², seguirán por mucho tiempo más con este supuesto, estimo, hasta que poco a poco vayamos explicándole a las personas cómo todo ese tema no fue más que una moda, o una confusión -como se comprobó respecto de los lobos.

Hoy día otro mito está siendo explicado, pues el tema del caballo líder (o la yegua madrina) es una proyección sobre los caballos, producida por la falta de conocimiento sobre otros tipos y modos de funcionamiento social, en los animales gregarios y sostenida por las personas que sin conocer en profundidad a los caballos dan esa información a sus alumnos y seguidores.
Si bien no están muy difundidos, existen estudios de la repercusión que el comportamiento afiliativo tiene en la sociedades humanas en donde esta muy desarrollado³ respecto de la falta de violencia, guerras, hasta la depresión y la drogas.
Solo es una cuestión del entorno en el que los caballos o los humanos nos criamos. Recuerda que si crías un animal social como un niño o un potrillo en un ambiente autoritario, jerarquizado o bajo el liderazgo de alguien lo aceptará como algo normal pero eso no quiere decir que haya nacido solamente con la capacidad para seguir a alguien, para la obediencia o para dar ordenes. Todo esto no es de extrañar pues se nos hace difícil comprender ciertas expresiones de la alteridad en lo social. En inglés existe el término togetherness por ejemplo que podría acercarse a esa sensación social afiliativa. Tengo un amigo que ha vivido entre ciertas comunidades de México que define a sus integrantes no como individuos sino como «fibras de comunidad»… Somos capaces también de otras formas sociales y de hecho los caballos, cuando tienen la posibilidad de hacerlo, son la prueba de que funcionan de maneras distinta a esa ideología jerárquica que proyectamos sobre ellos. ¿Será eso lo que los caballos pueden recordarnos a quienes gustamos de aprender de ellos y sobre ellos?


1  Si bien, hay otros, fueron investigadores Franceses  los que publicaron el reciente estudio. He aquí el artículo http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371%2Fjournal.pone.0126344

2  Nos encanta creer en los cuentos bien contados sean sobre caballos líderes o ratoncitos amables, el problema no es la literatura fantástica  de los «etólogos del liderazgo»,  domadores y otros especialistas ecuestres, el problema es nuestra credulidad. Así que los artículos sobre lo maravilloso del ejemplo de los caballos en el terreno del liderazgo y sus enseñanzas, seguirán escribiéndose en toda revista de equitación de la new age ecuestre por bastante tiempo.

3   Por ejemplo BODY PLEASURE AND THE ORIGINS OF VIOLENCE By James W. Prescott «The Bulletin of The Atomic Scientists», November 1975, pp. 10-20 La version en ingles esta aquí http://www.violence.de/prescott/bulletin/article.html#1

 

Comentarios

      A veces me preocupan las respuestas que ciertas personas dan a algunos de mis comentarios sobre la necesidad de libertad en las relaciones con los caballos. Me preocupa y extraña que las personas se excusen diciendo que ellos tampoco son libres, que padecen, que se someten, o hasta que sufren y, por eso, lo normal sería que los caballos sufran, se sometan o pensar ¿por qué ellos deberían tener una suerte distinta en un mundo tan injusto?. Incluso llegan a decir lo mismo respecto a los niños. Dicen cosas como “los niños deben también aprender a perder su libertad y obedecer” y similares. Por lo general son opiniones de personas “mayores y agiornadas” pero me sorprendió encontrar este tipo de comentario en las palabras de una persona joven : “- La realidad impone limites, para todos. Un niño seguramente sea mucho mas feliz en el campo que en la escuela, pero su libertad de decisión no es la que prevalece a la hora de tomar la decisión, por más que nos guste el espíritu intacto de los niños-.”
– Por favor !!, pensé.  Al instante me vino a la memoria un relato de Joseph Campbell en esas entrevistas tan bellas que le hicieron antes de su muerte que dicen:
CAMPBELL: Es característico de la democracia que la regla de la mayoría sea vista como efectiva no sólo en política sino también en pensamiento. En pensamiento, por supuesto, la mayoría siempre se equivoca.
MOYERS: ¿Siempre se equivoca?
CAMPBELL: En asuntos de este tipo, sí. La función de la mayoría en relación con el espíritu es tratar de escuchar y abrirse a alguien que haya tenido una experiencia más allá de la comida, el abrigo, la progenie y la salud. ¿Has leído Babbitt de Sinclair Lewis?
MOYERS: Lo leí hace muchos años.
CAMPBELL: ¿Recuerdas la última línea? «Nunca he hecho lo que quería en toda mi vida.» He ahí un hombre que nunca siguió el camino de su felicidad. Bueno, yo oí realmente esa frase cuando estaba enseñando en la Universidad Sarah Lawrence. Antes de casarme almorzaba y cenaba en restaurantes de la ciudad. (..) Una noche estaba yo en mi restaurante favorito, y en la mesa vecina había un padre, una madre y un niño flaco de unos doce años. El padre le dijo al pequeño: «Bébete el zumo de tomate». Y el niño dijo: «No quiero». Entonces el padre, en voz más alta, le dijo: «¡Bébete el zumo de tomate!». Intervino la madre: «No lo óbligues a tomarlo si no quiere». El padre la miró y dijo: «No puede ir por la vida haciendo lo que quiera. Si hace sólo lo que quiere hacer, está muerto. Mírame a mí. Nunca he hecho nada que haya querido hacer en toda mi vida». Y yo pensé: «Cielo santo. He aquí la viva encarnación de Babbitt». Ese es el hombre que nunca siguió el dictado de su corazón. Puedes tener éxito en la vida, pero después lo piensas… ¿qué clase de vida ha sido? De qué ha servido… si nunca has hecho lo que quisiste hacer, en toda tu vida.” . (El Poder del  mito, Emece).
     Volviendo al comentario de esta persona, “la realidad” es la que creamos con nuestro accionar también. Estamos tan acostumbrados a hacerles esas cosas, bastante terribles, a nuestros niños. Con la excusa de su educación los escolarizamos, les descalificamos sus maneras de aprender, los imponemos cuales tienen que ser sus intereses y enseñamos que la obediencia a otros es más importante que la obediencia interna, por ejemplo. Nos conformamos a nosotros mismos diciendo cosas como «bueno, yo también lo padecí y aquí estoy» o «uno no puede hacer lo que le place» . Me pregunto si esto no es un síntoma de la indefensión aprendida que genera nuestro sistema. ¿No será que ya, también nos han domado hasta el alma ?
A mi me gustan los espíritus intactos, el de los caballos, el de los niños, el mio… Siendo la libertad una abstracción o concepto por el cual muchos han dado su vida, me gustaría considerarla con cierto respeto. Sigo creyendo e insistiendo en que la verdadera amistad con los caballos es la clave para la comunicación y la comunión, sin sometimiento, sin imposición. Solo este modo operante es la base efectiva para el mutuo aprendizaje y la libertad. Tanto para el caballo como para nosotros.
David
ps: les dejo un video que me pareció guarda relación.

Alike short film directed by Daniel Martínez Lara & Rafa Cano Méndez

ps2: no dudes en compartir este mensaje, si te parece que vale la pena.

Foto: Mariana Domic Joseph Campbell en diálogo con Bill Moyers. El Poder del Mito. EMECE

Carta abierta en la Facultad de Ciencias Veterinarias.

“Es necesario re conceptualizar una serie de ideas que nos parecen naturales, como por ejemplo la noción de apropiación. La idea de que los humanos son sujetos políticos porque son dueños de sí mismos es una de las bases de la democracia moderna, pero de ahí se desprende que los humanos se pueden apropiar del resto del mundo. Tenemos que inventar formas alternativas de apropiación, tal como existe en otras cosmologías. Y aunque no las podemos reproducir, porque ninguna experiencia histórica se puede reproducir automáticamente, pueden servir de fuente de estimulación intelectual.
Mientras en Occidente pensamos que somos dueños y poseedores de la naturaleza, en el resto de las cosmologías es todo lo contrario: la naturaleza es dueña y poseedora de los humanos. Claro, no se puede decir así porque para ellos la naturaleza como tal no existe, pero el punto es que entienden que los humanos son parte de un sistema más grande del cual son responsables y que los no humanos son condiciones para que los humanos desempeñen sus actividades. Eso es lo que se encuentra en las comunidades tradicionales de los Andes, no muy lejos de aquí.”
Philippe Descola

Un alegato a la sensibilidad

Hace algún tiempo cuando decía que, quien cura una herida no necesariamente se ocupa de la salud de un animal¹, intentaba marcar la diferencia entre estar ocupado o preocupado por la salud, en la ausencia de bienestar del otro, etc. o solucionar puntualmente una situación de higiene o la restauración de un tejido. Lo segundo puede no implicar lo primero y eso hace una diferencia sustancial cuando tratamos con la salud y el bienestar animal. No hay problema en que un veterinario quiera participar de la industria de los animales, no hay una crítica en eso. El acento está, para mí, en cómo deberíamos considerar, en estos ámbitos académicos, a los animales pues se produce en la mayoría de nosotros una gran contradicción. Sobre todo cuando estamos aquí por el bien de los animales no humanos y nos vemos obligados a convivir con esa visión que aún rige algunos ámbitos académicos.
Recuerdo ese ejemplo del profesor que entra a su aula y coloca dos fotos en la pared y que cuenta:
El primer día de clase, pongo la fotografía de una heladera en una pared y la de un niño pequeño en la pared opuesta del aula y pido a los estudiantes que se paren junto a la fotografía que mejor representa sus sentimientos hacia sus caballos. Casi todo el mundo se mueve hacia el lado de la habitación con la fotografía del niño. Esa es la reacción intuitiva y no es una sorpresa. Pero después de algunas preguntas como: ¿Se puede comprar y vender a los niños? ¿Se pueden criar con fines de lucro? ¿Se puede practicar la eutanasia, si la condición es grave y la asistencia médica es demasiado cara? ¿Se puede obligarlos a competir o se los puede explotar de otras maneras? ¿Se pueden esterilizar para hacerlos más manejables?, -todas cosas que los propietarios de caballos dan por hecho-, los estudiantes comienzan a gravitar incómodamente hacia el lado «nevera» de la habitación…

Lo primero que debemos re pensar es que la consideración que tenemos de los animales es esta valuación que hacemos de ellos como objetos de comercio. Mientras los animales sean considerados un producto de la industria animal -quienes los vemos y los consideramos entidades subjetivas de la animalidad no humana- vamos a confrontar siempre con una contradicción respecto de los valores que nos trajeron aquí. Quienes consideremos la animalidad como una forma personificada de la vida nos vamos a sentir fuera de lugar en ciertos ámbitos académicos y vamos a tener que lidiar con muchas dificultades ajenas al proceso de enseñanza aprendizaje pero ligadas a la convivencia, la filosofía y la ética que prevalezcan en esos ámbitos. No pienso que todos tienen que sentir o pensar al respecto de los animales no humanos de la misma manera dentro de las facultades o institutos de ciencias veterinarias, pero sí creo que esos ámbitos deberían por lo menos no ser hostiles a los estudiantes y profesores amantes de los animales. De hecho, su postura ético filosófica no es contraria a práctica científica u opuesta al buen ejercicio de la profesión. Después, que cada uno resuelva en su intimidad sus propias búsquedas. Yo resuelvo en mi práctica diaria, el hecho de que la vida vive de vidas y prefiero comer una planta en vez de un animal o si comer una manzana y una semilla en vez de una zanahoria, yo veré si tengo que matar un mosquito o cazar una antílope. No voy a ser ni el primero ni el último humano que tiene que lidiar con eso, muchas culturas lo han resuelto ensayando diferentes ontologías. -Se sabe muy bien de la existencia de culturas humanas varias donde los animales poseían un status de igual y sin embargo, se los comían, no hay contradicción en ello, no había conflicto cultural o personal. Hay más conflictos hoy en nuestra cultura moderna que en la que ellos reproducían. Y no porque ellos ignoraran los sentimientos o la subjetividad animal, la tenían presente. Nosotros, aún ignorando eso desde los tiempos de la ilustración, tenemos muchos más conflictos. Lo que quiero decir es que negando a los animales su status no se acaba con los conflictos-. Bueno, en todo caso como dije, la alimentación (una cuestión personal o privada de cada uno o etica universal) es un tema de otra índole y ajeno al que estaba planteando sobre la necesidad de libertad de sentir o pensar y el maltrato ejercido hacia muchos alumnos, ayudantes, profesores en los ámbitos académicos.
Se que muchos están aquí porque les interesan los animales y los aman. También que muchos decidieron estudiar esta profesión porque son personas sensibles a la animalidad, empáticas, conectadas…que quieren hacer el bien a los animales a partir del aprendizaje de las artes curativas.
Entiendo también que es muy grande el precio que algunos de ustedes van a tener que pagar para aprender esas artes, esto lo sé desde mi propia experiencia y de la experiencia de muchas personas del ámbito muy cercanas, que en distintos momentos me lo han comentado. Entre otras cosas, me refiero a que a algunos de ustedes van a considerarlos demasiado cuestionadores, demasiado inteligentes, no convencionales pero sobre todo demasiado sensibles, demasiado conectados, demasiado preocupados del otro, del animal.
Lamentablemente la mayor parte de lo que se aprende hoy día en los claustros como este, de todo el mundo no es para salvaguardar a los animales o ayudarles, es para salvaguarda y en pos de las grandes industrias que trabajan con ellos.

Pensándolo desde un marco biológico, incluso muchos podemos llegar a la conclusión de que los animales no lo necesitan, ellos no nos necesitan. Más bien es todo lo contrario, lo que necesitan es que los dejemos en paz, que les devolvamos sus espacios, que les permitamos convivir con otras especies…que los liberemos. Tal vez, conozcan esa frase de Jonas Salk que dice «Si desaparecieran todos los insectos de la tierra, en menos de 50 años desaparecería toda la vida. Si todos los seres humanos desaparecieran de la tierra, en menos de 50 años todas las formas de vida florecerían». No se cuál sería la función principal de la ciencia veterinaria o mismo de la biología, sino preservar, investigar y fortalecer la Vida. Creo que es el camino que yo elegiría si estuviera dedicado a estudiar las artes curativas o la comprensión de las manifestaciones de la vida en el planeta. ¿Qué sentido tiene una ciencia de la vida si su objetivo no es cuidarla y defenderla, acaso se puede estudiar para terminarla y destruirla ? Como dice de Giorgio La ciencia animal sin ética animal se convierte en una ciencia oscura, que busca justificación para la explotación de la animalidad.


Como decía, los animales no necesitan de nosotros. Suena muy degradante que hoy nos tengan que pedir permiso para su existencia. Dentro del marco natural, los animales deben convivir con el sufrimiento, con las enfermedades, con el dolor y están bien preparados también para sanar, para sobrevivir en su mayoría. Es ese sentido también se puede decir que es poco lo que necesitan de nosotros. Hemos estado abusándolos y esclavizándolos durante milenios y es por eso que gran parte de lo que es necesario hacer hoy con ellos tiene que ver con la libertad, con el respeto, con habilitar en nuestra cultura las distintas expresiones y manifestaciones de la animalidad (quizá también en nosotros mismos), con permitir su existencia.
Creo de todas maneras que es mucho lo que se puede, desde las ciencias veterinarias, hacer en ese sentido. Me parece importante que personas con vuestra sensibilidad decidan recorrer este camino. Es en el compromiso con sus deseos y el interés en asistir a la vida y a los animales que veo la posibilidad de un cambio en los claustros.

Por otro lado, cuando se les advierta (directa o indirectamente) que con “esa sensibilidad” ustedes no van a poder desarrollarse en el ejercicio de la profesión correctamente, cuando se plantee que ejerciten cierto tipo de objetividad (que les permitirá trabajar mejor), pongan atención en no desconectarse y perder la sensibilidad o caer en la objetivación del otro. Desconfíen de la argumentación falaz que los descalifique “científicamente” por su sensibilidad, su empatía o subjetividad. Lo contrario es más cierto, la sensibilidad y la empatía son enriquecedoras de una ciencia muchas veces fría y mecanicista. La futurología aplicada a el modo de ser de alguien es solo desconocimiento de la riqueza de manifestaciones de lo humano. El que yo pueda hacer o no hacer ciertas cosas depende de mis decisiones, habilidades, empeño, capacidad y no necesito ni tengo que desconectarme de mi sensibilidad para lograrlas. La insensibilización no es el camino a la riqueza personal, o al conocimiento sino más bien a la pobreza de espíritu o de humanidad. En general eso es una metodología para crear soldados, personal sin ética o sensibilidad hacia el otro o para crear obediencia. Gente que tiene que cumplir funciones sin sentir o sin plantearse lo que pasa, sin preguntarse que es lo que le está pasando al otro.
Sabemos que la ciencia veterinaria, en este momento, trabaja, está sostenida y subsidiada por las grandes industrias que la necesitan. Sabemos que la industria alimenticia, la industria cárnica, la industria farmacéutica, la industria del deporte ecuestre, por ejemplo, hacen posible que haya mucho trabajo, para algunos veterinarios, mucho dinero en juego para algunas investigaciones y algunas prácticas profesionales…por el momento no pretendo la abolición de eso, pero me parece importante que si hay algunos de ustedes que desean tener otro tipo de tarea en el ámbito de la ciencias veterinarias, que sienten que no necesitan dejar de amar a los animales para poder curarlos o que no necesitan cuestionarse la posesión de un fuerte sentido de la ética o su moral propia para aprender las artes de la curación animal, creo que debería haber un espacio académico mas propicio para eso. Me parece que las ciencias veterinarias son un abanico de conocimientos y técnicas muy amplio en las ciencias animales, es muy probable que todos los interesados en ellas puedan convivir con el conocimiento necesario para dejar de tratar a los animales como meros alimentos sin procesar, recursos de la industria o entidades subordinadas a la producción y la economía. La industria alimenticia puede tener sus aprendices y cultores, que son bien necesarios en la sociedad actual, pero lo que también necesitamos son personas que investiguen, que curen, que interpelen la animalidad y puedan hacerlo libremente y no subordinados a la ciencia esclava de la industria animal. Sé que esas personas existen y muchos podrían ser ustedes. Personas y ámbitos que permitan la alteridad, que alienten otras posturas frente a los animales no humanos, que profundicen en los conocimientos científicos desde un fuerte sentir de la ética animal. Una ciencia veterinaria al servicio de los animales.

David Castro 6 de Junio de 2017


1. ver mi artículo Animals Matter

La verdad última del binomio

«La verdad y los caballos
En su inocencia y fantasía, la niña no percibe el gesto de incomodidad (o dolor) de este caballo, la boca estirada, la lengua apretada y el hierro en su boca, las correas-…

«Me argüía que, si el uso de la palabra tenía por fin hacer que nos comprendiésemos unos a otros, este fin fracasaba desde el instante en que alguno decía la cosa que no era; porque entonces ya no podía decir que nadie le comprendiese, y estaba tanto más lejos de quedar informado, puesto que le dejaba peor que en la ignorancia, ya que le llevaba a creer que una cosa era negra cuando era blanca, o larga cuando era corta».
«Un viaje al país de los Houyhnhnms». Jonathan Swift, Viajes de Gulliver

 Naturalmente todos nos alejamos de lo que es desagradable y tendemos a acercarnos a lo que es placentero para nosotros mismos. En referencia al caballo, los animales son fieles a esa ley natural y eso les proporciona  supervivencia. Por esa simple lógica no es posible que un caballo ame ser lastimado, ser golpeado, ser dañado de ninguna manera. Ningún caballo elige recibir un fustaso o soportar un peso en su espalda que le produzca incomodidades, picazón, ardor o algún tipo de dolor. No importa que el daño sea momentáneo, imperceptible y a corto plazo.
Los seres humanos somos iguales, no nos atrae lo desagradable, lo que nos produce incomodidad. En el caso del binomio, de la jovencita que está enamorada de su caballo e incurre en actividades deportivas,
recreativas o similares con él, es otro el asunto. El problema no es la similitud que tenemos con el caballo en este aspecto del rechazo de lo desagradable sino que, a diferencia de los caballos, las personas manejan conceptos y viven guiados por ellos. Tenemos un lenguaje verbal, conceptual, muy desarrollado y dentro de esa riqueza de lenguaje existe algo que se llama mentira o engaño e incluso auto engaño, es aquí donde yace la diferencia con los animales. Los
conceptos y las ideas nos generan emociones, que pueden ser agradables o desagradables, alegría, sufrimiento, etc. La mayoría de las personas por esta “ley básica de la naturaleza”, prefieren creer una mentira si esta es reconfortante como dice H. L. Mencken, «Es de naturaleza humana rechazar lo verdadero pero desagradable y abrazar lo obviamente falso pero reconfortante.»
  Solo endúlzame los oídos
Deberíamos reconocer que los caballos no nacieron para ser montados. Podemos empezar por aceptar ese simple hecho. Hacer eso nunca puede ser perjudicial para las personas ya que no implica nada más que ver la realidad tal como es. A partir de allí hay una gama de posibilidades respecto a la actitud y el accionar que cada uno puede tomar y eso depende, en definitiva, de cada persona. Pero, llegar a esa comprensión ya significaría un gran paso para la relación entre hombre y caballo.
Si buscásemos tratar entender y aceptar, comprenderíamos y lo obvio, no nos resultaría tan extraño.
La ilusión social generaliza sobre los caballos nos permite transitar sin responsabilidad, y sin culpa por el mundo de las actividades ecuestres. Esta ilusión es reforzada por la ignorancia, los intereses egoístas, comerciales, los miedos o, simplemente, la falta de compromiso o responsabilidad.»
David Castro, página 77 del libro Y le susurré al Caballo, 2016
Donde conseguir el libro  y le susurre al caballo

 

Seres improntados

Marcado en el cuerpo

Nosotros, los monos desnudos, tan desconectados de nuestro propio cuerpo, al que consideramos una bestia que hay que domar, controlar y desoir. Tan carentes, desde el nacimiento, del cuerpo de nuestras madres y nuestros seres queridos!
Siempre me asombra cuando escucho a ciertos especialistas hablar sobre el cuerpo del caballo, sobre lo que experimenta o siente. ¡ Un ciego que define colores !
 De todas maneras todo lleva a preguntarme si las fuentes de tanta incomprensión respecto de los caballos no serán la mismas que, como cultura, nos marcan en esta gran separación que sentimos de la naturaleza, de nuestra propia naturaleza que es nuestro cuerpo biológico por ejemplo. ¿Podrían también estas actitudes estar relacionadas y reflejadas en la manera en que criamos y tratamos a nuestros propios hijos? La separación inmediata del cuerpo de la madre que padecen los niños al nacer parece ser una clave importante para entender muchas cosas en referencia a este tema¹
La puja entre hombre y naturaleza en nuestra cultura tiene larga data y se ve reflejada en las primitivas creencias²  que dieron origen al pensamiento de occidente y al Patriarcado como hoy lo conocemos -siempre en guerra contra la “Madre Naturaleza” y con la «divina misión» de domesticar ( poseer, controlar,  educar) todo lo salvaje.
Bien conocida es la práctica de los espartanos, los famosos guerreros, de separar a los hijos de sus madres a muy temprana edad para convertirlos en soldados. Esta práctica fue remplazada en el Estado moderno por lo que yo llamaría imprinting humano, pues la encuentro similar al imprinting (impronta) realizado en los potrillos. La idea con los caballos es que una manipulación deliberada del potrillo recién nacido, permite plantar la semilla de un comportamiento deseado (en este caso sumiso al manejo) frente a una situación futura -como en el caso de la manipulación veterinaria, o el uso. Para  esto por ejemplo, se requiere que durante la impronta introduzcamos el dedo dentro de boca, las orejas y el ano de la pequeña criatura recién nacida, pues esto facilitará en el futuro la introducción de distintos elementos. Esta idea, si lo pensamos, tiene su correlato macabro en los bebes humanos, donde es mucho más cómodo, más sutil y políticamente correcto intervenir en el momento del nacimiento³.  Hoy,  al igual que en la antigua Esparta, con una serie de excusas que hemos aprendido a creer que son por nuestra seguridad, un profesional reconocido por el estado, el médico, nos arranca, recién nacidos del calor, las voces y la única piel que nuestro cuerpo necesita sentir, la de nuestra madre. La agonía se alarga por lo que parecen ser siglos entre guantes de goma, superficies hostiles y falta de amor hasta que volvemos, al fin, manipulados y enfundados en nuestra nueva piel, al contacto sin tacto del cuerpo materno.
Mediante este tipo de impronta de violencia velada -pues hoy día la práctica espartana nos resulta tan desagradable e incorrecta como el trabajo infantil- se nos dice, claramente, que nuestra vida y nuestro cuerpo (como el de los caballos) nunca nos van a pertenecer del todo, pues deberá estar siempre disponible o al servicio de las instituciones que nos vieron nacer.

Ps Les dejo es video que me pareció consonante
Milk

1_ Bergman afirma que la peor situación que se puede encontrar una criatura al nacer es la separación de la madre; que esta separación es una violación de la criatura humana cuyo programa innato de crecimiento prevee el contacto piel con piel con su madre; y que esta violación que sufre la criatura tiene un impacto de por vida. (sic)…
Si la criatura no recibe amor, no produce amor; su sistema libidinal se
estanca, se inhibe, queda reprimido; entonces se produce el contra efecto de esta contención, la agresividad y la violencia. Como la represión del amor se produce de manera invisible, también se hace invisible el origen de la violencia y del fratricidio, lo que permite presentarlos como naturales, e insertar el discurso del tánatos innato, de la naturaleza violenta del ser humano y su
predisposición para la guerra. Así es como se puede, sin negar formalmente el amor materno ni la ternura, cambiar la capacidad de amar y la capacidad para la ternura, por la capacidad para dominar y para ejercer la crueldad. Sustraído el sistema libidinal de la organización humana, se introduce la dominación y la guerra.»   Casilda Rodrigañez
2_  Los pueblos semitas pastores junto con los indoeuropeos conquistaron en oleadas el territorio de la Media Luna Fértil y desde Asia Menor hasta los Balcanes, que era el territorio de los pueblos, ciudades y civilizaciones de la Gran Diosa y obtenían su sustento principalmente de la agricultura. Dice Joseph Cambell, en un breve pasaje donde habla del cambio en el sistema de creencias “Hammurabi de Babilonia (ca. 1750 a.C.) fue el segundo de estos
ilustres reyes guerreros semitas. Del período de su reinado data la epopeya babilónica del dios solar Marduk, cuya victoria sobre Tiamat, la antigua diosa del océano primigenio, marca el momento en el que en esa parte del mundo se produjo el decisivo paso de transferir hacia una variedad de dioses tribales políticamente establecidos la anterior lealtad a la diosa universal de la
naturaleza.
Marduk era el dios tutelar de Babilonia, ciudad que había engrandecido Hammurabi. Los dioses más antiguos del viejo panteón eran presa de un miedo abyecto ante la idea de enfrentarse a la tatarabuela de todos ellos, pero entonces el nuevo y joven héroe-dios, salió al encuentro de Tiamat. Ésta profirió gritos agudos y salvajes, tembló y se sacudió hasta lo más
profundo de su ser, luego pronunció un hechizo mientras avanzaba
hacia él. Sin embargo, Marduk extendió su red y la atrapó, le aplastó el cráneo con su maza inmisericorde, y con su cimitarra la partió en dos mitades como a un pescado. De una mitad hizo la cubierta para el cielo, a fin de que las aguas no pudiesen escapar, y colocó la otra sobre las profundidades abisales. Cuando hubo concluido este trabajo de creación, asignó un lugar a los dioses: a unos el Cielo, a otros la Tierra y el Abismo. Por último, creó al Hombre para que sirviese a los dioses, de modo que éstos reposaran a su gusto.
¡Qué interesante! En la visión más antigua, la diosa Universo estaba viva, ella era orgánicamente la Tierra, el horizonte y los Cielos. Ahora está muerta, y el universo ya no es un organismo, sino un edificio donde los dioses reposan en
medio del lujo: no como personificaciones de las energías según su manera de operar, sino como inquilinos de lujo, que requieren criados. Y el Hombre, en consecuencia, ya no es un niño nacido para florecer en el conocimiento de su propia porción eterna, sino un robot diseñado para servir.

3_ Esto estaría sembrando las bases para la agresividad y la competencia
necesarias para la guerra o una sociedad basada en la competencia y
no en la cooperación. Y luego, como en los potrillos, todo estará ahí para ser útil al servicio del sistema. Algo que siempre se había considerado innato se descubre hoy que es y puede ser generado con la separación del bebe del cuerpo de su madre. Dice Casilda Rodrigañez en el prologo de su libro «se ha comprobado que hay un programa neurológico que se pone en marcha en circunstancias de alerta o de defensa, y que automáticamente cierra el programa que regula el metabolismo basal en circunstancias normales; el
programa de defensa activa un sistema neuroendocrino y un sistema
neuromuscular específicos para que el organismo entero se disponga
a huir o a luchar contra la circunstancia desfavorable. Las criaturas separadas de sus madres, se encogen, tiemblan de pánico, descienden la temperatura corporal, sufren alteraciones del ritmo cardíaco y respiratorio, incluso padecen apneas, y, en fin, todo su pequeño cerebro es invadido por descargas de glucocorticoides (cortisol, hormonas del stress…) y de adrenalina (hormonas del miedo), creando una toxicidad neuroquímica que va a ser determinante en la formación de las vías neurales, es decir, en el sistema neurológico y neuromuscular que están en periodo de formación. En otras palabras, va a determinar si la criatura tendrá una estructura caracteriológica para vivir en armonía con sus semejantes o si va a tener una estructura para vivir en tensión y en competencia. “La Represión del deseo materno y la generación
del estado de sumisión inconsciente”.


 

Día de los trabajadores. De 1330 al Mayo de 1886

«La reconstrucción de la antigua megamáquina tuvo lugar en tres estadios principales. El primer estadio estuvo marcado por la Revolución francesa de 1789. Aunque esta revolución depuso y ejecutó al rey tradicional, restableció con un mayor poder su abstracta contrapartida, el Estado nacional, al cual, de acuerdo con las teorías pseudodemocráticas de Rousseau sobre la voluntad general, se le otorgó poderes absolutos, como la conscripción –poderes que los reyes hubieran envidiado–…» El segundo estadio adviene con la Primera Guerra Mundial aunque, siempre según Mumford, muchos pasos previos habían sido ya dados desde los tiempos de la guerra franco-prusiana: la constitución de un orden industrial-científico, la escolarización obligatoria, el adocenamiento de la clase obrera mediante el sufragio universal y el llamado estado de bienestar…José Ardillo DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA MEGAMÁQUINA

Circa 1886

Hacía ya casi cincuenta años que la esclavitud había sido abolida, no era necesaria y un nuevo tipo de pieza estaba ocupando paulatinamente su lugar en la megamáquina.

Poco a poco, la máquina puso al hombre en movimiento: en 1900, un trabajador francés, no empleado en la agricultura, alcanzaba en promedio 30 veces más kilómetros que su homónimo en 1850. Llega entonces el fin de la Edad de Hierro y a la vez el de la Revolución Industrial. La capacidad de moverse se sustituye por el recurso de los transportes. El hacer en serie reemplaza al savoir-faire, la industrialización se convierte en norma. En el siglo XX, el hombre pone en explotación gigantescas reservas naturales de energía. El nivel energético así logrado establece sus propias normas, determina los caracteres técnicos de la herramienta, más aún, el nuevo emplazamiento del hombre. A la obra, a la labor, al trabajo, viene a agregarse el servicio de la máquina: obligado a adaptarse a su ritmo, el trabajador se transforma en operador de motores o en empleado de oficina. Y el ritmo de la producción exige la docilidad del consumidor que acepta un producto estandarizado y condicionado. A partir de entonces, disminuye la necesidad de jornaleros en el campo y el siervo deja de ser rentable. También el trabajador deja de ser rentable, desde que la automatización logra por medio de la industrialización la franca transformación que la producción en masa ha perseguido. Ivan Illich, La conivivencialidad (1973)

Una vez redefinida la labor y redefiniéndose el bienestar, redefinida la libertad y la independencia, redefinido el saber,  ya nunca más fueron necesarios el látigo, la cadena o el grillete. Durante la centuria previa hasta la tortura fue redefinida. Su elemento se había conservado del pasado, pero no era ya el elemento mismo en sí. Tripaliare significaba torturar sobre el trepalium -mencionado en el siglo VI como un armazón formado con tres troncos, fue el suplicio que reemplazó en el mundo cristiano al de la cruz-. Este artefacto dio nombre a uno de los inalienables «derechos para todos los hombres”.
Aún en el siglo XII la palabra trabajo significaba una prueba dolorosa, pero varios siglos más tarde estos hombres y mujeres apenas lo sentían, pues aun cuando fueron aniquilados los otros modos de subsistencia, los ciudadanos comenzaron a creer que tener un trabajo valía las penas, la degradación y la falta de independencia.

En las fábricas y las salas de trabajo, las horas se sucedían insalubres durante la jornada. Las piezas y los elementos de la cadena de ensamblaje solo tenían el aspecto de humanos, pero la falta de gestos vitales y creativos no dejaban (ni dejan hoy día) dudas al respecto, son solo meras piezas de carne, sangre y tripa de la máquina industrial.

El uso del reloj se ha generalizado para esta época y con él, el tiempo se materializa.
Coulton está de acuerdo con Sombart en considerar a los Benedictinos, la gran orden trabajadora, como quizá los fundadores originales del capitalismo moderno: su regla indudablemente le arranco la maldición al trabajo y sus enérgicas empresas de ingeniería quizá le hayan robado incluso a la guerra algo de su hechizo. Así pues no estamos exagerando los hechos cuando sugerimos que los monasterios —en un momento determinado hubo 40.000 hombres bajo la regla benedictina— ayudaron a dar a la empresa humana el latido y el ritmo regulares colectivos de la maquina; pues el reloj no es simplemente un medio para mantener las huellas de las horas, sino también para la sincronización de las acciones de los hombres.¿Se debió al deseo colectivo cristiano de proveer a la felicidad de las almas en la eternidad mediante plegarias y devociones regulares el que se apoderase de las mentes de los hombres el medir el tiempo y las costumbres de la orden temporal; costumbres de las que la civilización capitalista poco después daría buena cuenta? Quizá debamos aceptar la ironía de esta paradoja. En todo caso, hacia el siglo XIII existen claros registros de relojes mecánicos, y hacia 1370 Heinrich von Wyck había construido en París un reloj “moderno” bien proyectado. Entretanto habían aparecido los relojes de las torres, y estos relojes nuevos, si bien no tenían hasta el siglo XIV una esfera y una manecilla que transformaran un movimiento del tiempo en un movimiento en el espacio, de todas maneras sonaban las horas. Las nubes que podían paralizar el reloj de sol, el hielo que podía detener el reloj de agua de una noche de invierno, no eran ya obstáculos para medir el tiempo: verano o invierno, de día o de noche, se daba uno cuenta del rítmico sonar del reloj. El instrumento pronto se extendió fuera del monasterio; y el sonido regular de las campanas trajo una nueva regularidad a la vida del trabajador y del comerciante. Las campanas del reloj de la torre casi determinaban la existencia urbana. La medición del tiempo pasó al servicio del tiempo, al recuento del tiempo y al racionamiento del tiempo. Al ocurrir esto, la eternidad dejó poco a poco de servir como medida y foco de las acciones humanas. Lewis Mumford, Técnica y Civilización (1934).

Comienza la idea de la “falta” de tiempo o de su ahorro : «me sobra tiempo, ¿cómo voy a gastarlo?”; «¡no puedo permitirme el lujo de derrocharlo, ganar una hora, ya es ganancia!”.
Los nuevos recursos de la era industrial son los humanos y el hombre es una fuente de energía (incluso se trató de medir la prestación diaria máxima que se podía obtener de un hombre, luego a comparar el costo de manutención y la potencia del hombre con la del caballo).
El hombre que mueve la máquina es fuente de energía mecánica, el obrero que la asiste inhumanamente es su esclavo y eso ya no es soportable. El encanto discreto del condicionamiento abstracto de la megamáquina reemplaza el efecto del chasquido del látigo en el oído del labrador esclavo, y el avance implacable de la cadena sin fin, desencadena el gesto estereotipado del esclavo. (Iván Illich)
Es el año 1886, pero desde el siglo XVII ya hay quienes disertan sobre el trabajo, su valor, su dignidad, sus alegrías. Creían estos que la naturaleza, al contacto con el trabajo, se transmuta y transforma en bienes y servicios mercantiles.
La masa camina enjuta y orgullosa y todos desean una vida «digna» e «igualitaria», pues ellos son hombres y mujeres que trabajan por su salario.
La guerra contra las culturas populares y los valores vernáculos jamás se habría logrado si aquellos y aquellas, a los que se privaría de la subsistencia, no hubiesen aceptado que se les encerrara en esferas distintas y, por ello mismo, se les volviera impotentes. La creación del ama de casa anunciaba un apartheid sin precedentes, un apertheid sexual. Pero también ilustraba un tipo de conciencia en la que el deseo debía volverse forzosamente mimético. Illich, La Convivencialidad. (1973)
Esta vez no se dirigen a su trabajo, sino a la lucha. Pero su lucha, no es la lucha de sus abuelos o la de los abuelos de estos.
Para los griegos de la época clásica, y más tarde para los romanos, trabajar con sus manos o bajo las órdenes de un jefe o para un provecho comercial, era una actividad servil que debía dejarse a la gente pequeña o a los esclavos.(…)
Desde la Antigüedad existen términos para designar los diferentes conjuntos de tareas debidas al señor o a la comunidad, pero ni Grecia ni el Medievo poseyeron uno que se asemejara a nuestros «trabajo» y «empleo». Durante todo el periodo medieval, lo que hoy en día entendemos por trabajo, a saber, trabajo asalariado, era signo de sufrimiento. Contrastaba con, por lo menos, tres tipos de labores: las actividades múltiples, gracias a las cuales la mayoría de la gente creaba su subsistencia, al margen de cualquier intercambio monetario; los oficios de zapatero remendón, barbero, tallador de piedra; las diversas formas de mendicidad gracias a las cuales la gente vivía de lo que otros compartían con ella. En principio, la sociedad medieval tenía un sitio para todos aquellos que reconocía como sus miembros. Su estructura formal excluía cualquier desempleo o indigencia. Quien se consagraba a un trabajo asalariado no ocasionalmente para aportar algo al hogar, sino como medio de existencia permanente— revelaba claramente a la comunidad que, con el mismo título que la viuda y el huérfano, no tenía fuego, ni lugar y, por lo tanto, dependía de la asistencia. En septiembre de 1330 murió en Florencia un rico fabricante de paños que legaba su fortuna a los indigentes. La Guilde d’Or San Michele era la encargada de distribuir esos bienes. Y 17 000 beneficiarios fueron elegidos y encerrados a media noche en las iglesias disponibles. A su salida, cada uno recibió su legado. Pero, ¿cómo se seleccionó a esos indigentes? Lo sabemos gracias a los archivos de las caridades de las guildas en la Florencia protoindustrial. Se ven allí las categorías de indigentes: el huérfano, la viuda, la víctima de una reciente desgracia, el jefe de familia que depende totalmente de un trabajo asalariado o está obligado a pagar un alquiler para albergar a los suyos. La necesidad de proveer todas las necesidades vitales mediante un trabajo asalariado era signo de completa impotencia en una época en la que la palabra pobreza designaba más una actitud estimable que una condición económica. El pobre era lo contrario al potens, el poderoso, y no al dives, el rico. No era el miserable. Illich, El trabajo fantasma (1980)
Esta masa de trabajadores no luchan en contra de la tiranía de una monarquía por la igualdad, la libertad o la fraternidad, por el derecho a la pobreza y a la mendicidad que era regla en la Europa cristiana.
Hasta finales del siglo XII, el término pobreza recuperaba ante todo un desapego realista de cosas efímeras. La necesidad de ganarse la vida mediante un trabajo asalariado era la marca de quienes habían tocado fondo, de los que eran muy desafortunados para agregarse simplemente a la enorme muchedumbre medieval de los enfermos, de los exiliados, de los peregrinos, de los locos, de los hermanos, de los errantes, de los sin hogar que constituían el mundo de los pobres. Depender de un salario era signo de que el trabajador no tenía ni un hogar para la subsistencia a la que podría contribuir, ni la capacidad de subsistir de las limosnas de la sociedad. Se podía discutir sobre el derecho a la mendicidad, pero la idea de un derecho al trabajo estaba fuera de discusión. Illich  La Conivivencialidad.
…para el mundo occidental, el trabajo atravesó el espejo entre los siglos XVII y XIX. La agresión ecológica había tomado vuelo con la destrucción más significativa y menos reconocida: la eliminación progresiva de los valores de utilización común del medio, factores de las actividades de subsistencia. En lugar de ser una prueba de indigencia, los salarios se consideraron como prueba de utilidad. En lugar de ser un complemento de la subsistencia, los que los pagaban lo consideraron como la fuente natural de los medios de existencia de las poblaciones. Se encuentra una ilustración de los inicios de la ideología que subyace en esta actitud en 1777, apenas 12 años antes de la Revolución francesa. La Academia de Chálons-sur-Marne había hecho un concurso de disertación sobre el siguiente tema: «¿Cómo abolir la mendicidad generalizada de manera que sea a la vez provechosa a la Corona y a los pobres?» Esta iniciativa refleja la proliferación de la mendicidad en una época en la que se desarrolla la privatización, la protoindustria y los valores burgueses. Refleja también una nueva significación económica de la pobreza, condición que, desde entonces, es lo inverso ya no de los poderosos, sino de los poseedores. Illich, El trabajo Fantasma
Tampoco luchan por defender su derecho a los espacios comunales y los modos de subsistencia.
La familia burguesa del siglo XIX, compuesta por el asalariado y las personas a su cargo, reemplazó al hogar centrado en la subsistencia. Fémina doméstica y vir laborans eran cónyuges en una impotencia complementariamente típica del homo aeconomicus (…)
En 1810, la unidad de producción corriente en Nueva Inglaterra era todavía el hogar rural. Salazón y conservas; velas y jabones, hilado tejido, confección de zapatos, de edredones y de tapices, cría de aves y cultivos de huertos, todo eso se efectuaba en el espacio doméstico. El hogar norteamericano podía también obtener algún dinero de la venta de sus productos y de empleos ocasionales de sus miembros, pero era ampliamente autosuficiente. Aun cuando el dinero pasaba efectivamente de mano en mano, la compra y la venta se hacían frecuentemente con base en el trueque. En la autonomía doméstica las mujeres tenían un rol tan activo como el de los hombres. Llegaban a emplearse de tal manera que llevaban a casa casi el mismo salario que ellos. Económicamente eran también las iguales de los hombres. Por lo demás, tenían por costumbre los cordones de la bolsa. A la vuelta del siglo, se consagraban también activamente, como los hombres, a alimentar, vestir y equipar a la nación. En 1810, en el Norte de los Estados Unidos, 22 metros de lana sobre 23 eran de origen doméstico. En 1830, ese cuadro cambió. La agricultura comercial comenzó a reemplazar a las granjas que subsistían por sí mismas. El salario se había vuelto corriente y depender de un trabajo asalariado ocasional comenzaba a resentirse como un signo de pobreza. Illich, El trabajo Fantasma(1980)
Siquiera es esta la lucha traicionada de sus padres, para quienes el trabajo se presentaba como la piedra de la sabiduría, la panacea, el elixir mágico que transforma en oro todo lo que toca. Tanto unos como otros, abuelos, padres e hijos, habían ya participado (al principio con cierta reticencia y luego más convencidos) del cambio institucional necesario para el «progreso». Hacía tiempo que los nuevos estados soberanos eran activos modeladores del cambio social necesario para la nueva era industrial.
El ensayo premiado en 1777 es relevante también por la fecha tardía en la que, en Francia, se consideró como nueva una solución que consiste en obligar a los pobres al trabajo útil. Hasta mediados del siglo XVIII los hospicios franceses se fundaban sobre la idea cristiana medieval de que el trabajo forzado era el castigo del pecado o del crimen. Un siglo antes este punto de vista se abandonó en la Europa protestante y en algunas ciudades italianas ya industrializadas. Los métodos y equipamientos innovadores de las workhouses de la Holanda calvinista o de la Alemania del norte lo prueban abundantemente. Dichos establecimientos estaban organizados y habilitados para sanar la pereza y desarrollar la voluntad para hacer el trabajo asignado. Se concebían y se construían para transformar a los mendigos inútiles en trabajadores útiles. Como tales, eran todo lo contrario de las organizaciones caritativas de la Edad Media. Fundadas para recibir a los mendigos que la policía detenía, las workhouses los «sometían a régimen»: algunos días de ayuno y cierta ración diaria y bien calculada de latigazos. Lo seguía un tratamiento para el trabajo en el molino de disciplina llamado la «ardilla» y en la écouane (variedad de rallador que podía devastar materias muy duras), hasta lograr que el pensionario se transformara en un trabajador útil. Incluso se encuentra en ellas soluciones para los casos críticos. En Ámsterdam, a los recalcitrantes al trabajo se les echaba en una fosa constantemente inundada en la que solo podían sobrevivir bombeando frenéticamente durante todo el día. No solo en sus métodos pedagógicos, sino también en sus técnicas de formación para la autosatisfacción esas instituciones son las verdaderas precursoras de la escuela obligatoria. Según los documentos que ellas nos dejaron, los pacientes que habían sanado exitosamente de la holgazanería se felicitaban de ello vivamente. Aunque esos testimonios de agradecimiento de las víctimas fueran auténticos, no reflejan ciertamente el sentimiento popular. Los indigentes del siglo xviii que entraban en la denominación general de «pobres» resistían violentamente los esfuerzos que se hacían para volverlos aptos para el trabajo. Albergaban y defendían a los que la policía perseguía como «mendigos» y a los que el gobierno trataba de sanar de su inutilidad social, a fin de proteger a los pobres menos molestos de esos vagabundos. Los gobiernos más duros parecían haber fracasado en sus correrías. La multitud era ingobernable. En 1747, el ministro del interior de Prusia amenazaba con un severo castigo a cualquiera que obstaculizara la acción de la policía de los pobres: «[…] día y noche hacemos que esta policía patrulle nuestras calles para poner fin a la mendicidad […] Pero en el momento en que los soldados, los estudiantes o la multitud se dan cuenta de que se arresta a un mendigo para llevarlo al asilo, se amotinan, apalean a nuestros hombres, a veces los hieren gravemente, y liberan al mendigo. Se ha vuelto casi imposible enviar a la policía de los pobres a la calle […]».Siete medidas análogas se decretaron en los siguientes 30 años. A lo largo del siglo XVIII y durante gran parte del XIX, el proyecto de la alquimia económica no recibió ningún eco de abajo. La gente del pueblo se rebelaba. Motines por un justo precio del trigo; motines contra el envío de su trigo a otras regiones; motines en apoyo a los prisioneros por deudas. Se sentían en su derecho cuando la ley parecía no coincidir con su tradición de justicia. La multitud protoindustrial defendía lo que E.P. Thompson ha llamado su «economía moral». Se rebelaba contra los atentados al fundamento social de esta economía: contra el encierro de las vejas en cercados y ahora contra el de los mendigos. Durante esos motines la muchedumbre era frecuentemente conducida por mujeres. ¿Qué sucedió para que esta multitud protoindustrial sediciosa, que defendía su «derecho» a la subsistencia, se transformara en una masa laboriosa que defendía mediante la huelga su «derecho» al salario familiar? ¿Cuál fue el mecanismo social que logró lo que las nuevas leyes de los pobres y las workhouses no pudieron? Fue la división económica del trabajo en categoría productiva y categoría no productiva que se instauró con el encierro de las mujeres… en la casa. Illich, El trabajo Fantasma (1980)
La casa estaba ya «en orden», la sociedad confiaba en las grandes aptitudes de la era industrial, sin importar que sirvieran al capitalismo, al proletariado o al anarquismo.
Hoy, mayo de 1886 en Chicago, a esta labor que hacen los ciudadanos de las clases proletarias también se le llama trabajo. Aunque la jornada conserva la designación asociada a la palabra antigua, labor, la jornada laboral está compuesta de una cantidad de horas indeterminada.
Hubo que esperar al siglo XVI para poder emplear la palabra “trabajo” en lugar de obra o de labor. A la obra (poiésis) del hombre artista y libre, a la labor (poneros) del hombre apremiado por el otro o por la naturaleza, se agrega entonces el trabajo, al ritmo de la máquina. En seguida la palabra “trabajador” desliza su sentido hacia “labrador” y “obrero”: a fines del siglo XIX los tres términos apenas se distinguen. La ideología de la organización industrial, de la instrumentación y de la organización capitalista de la economía, aparece antes de lo que se ha dado en llamar Revolución Industrial. Desde la época de Bacon, los europeos comenzaron a realizar operaciones indicadoras de un nuevo estado mental: ganar tiempo, reducir el espacio, aumentar la energía, multiplicar los bienes, echar por la borda las normas naturales, prolongar la duración de la vida, sustituir los organismos vivos por mecanismos que los simulan o amplían una función particular. Illich, La convivencialidad (1973)
Es por eso que estos trabajadores van a levantarse hoy en contra de la injusticia. En favor de la dignidad de servir, aunque sea, como los antiguos esclavos y no como máquinas que son descartadas cuando se rompen por el uso, ni como piezas estandarizadas reemplazables (o fuerza metabólica de trabajo) de la estructura de la megamáquina.
Es posible dar un valor aproximado a la cantidad de energía física de que disponían las sociedades tradicionales. El ser humano quemaba un promedio de 2500 calorías diarias, de las cuales cuatro quintos servían únicamente para mantenerle vivo, hacer latir su corazón y accionar su cerebro. El remanente se podía aplicar a diversas tareas, pero no todo era transformable en trabajo. No sólo se aplicaba a los juegos de la infancia, sino también, y sobre todo, a las actividades de sobrevivencia cotidiana: levantarse, preparar los alimentos, protegerse contra el frío o contra la amenaza de los otros. Privado del impulso de sus actividades, el hombre se ha vuelto inepto para el trabajo: la sociedad puede moldearlas, pero no puede suprimirlas, para destinar a otras tareas la energía que requieren. La costumbre, el lenguaje y el Derecho determinan la forma de alfarería que fabrica el esclavo, pero el amo no puede privar a su esclavo de techo, salvo privándose a sí mismo del esclavo. Sumando múltiples descargas pequeñas de energía individual, puestas a disposición de la colectividad, se construyeron templos, se trasladaron montañas, se tejieron vestimentas, se hicieron guerras, se transportó al monarca y se le honró. Iván Illich, Energía y equidad (1973)
Los diarios los acusan de delirantes, llaman lunáticos y hasta poco patriotas a los obreros que luchan por la jornada de trabajo de ocho horas y por el derecho a la organización sindical. La mayoría son hombres, dignos trabajadores que merecen ser reconocidos junto con sus derechos. Algunas son, es cierto, mujeres, pero la mayoría de ellas esperan en casa, al cuidado del hogar como es la usanza.
A las mujeres del siglo XIX se les encerró, se les alienó, se les degradó. Ellas tuvieron inevitablemente una influencia deletérea sobre el resto de la sociedad.Una división económica de los sexos sin precedente, una concepción económica de la familia sin precedente, un antagonismo sin precedente entre las esferas doméstica y pública hicieron del salario el corolario indispensable de la vida. Todo eso se operó colocando a las mujeres en la casa bajo la tutela de trabajadores masculinos y haciendo de esa tutela un pesado deber. Se llegó a encerrar a las mujeres en ella cuando no se había logrado encerrar a las ovejas y a los mendigos. El brusco abandono de la lucha para la subsistencia y el hecho de que ese abandono pasara inadvertido sólo se comprenden haciendo evidente la creación simultánea del trabajo fantasma y de la teoría según la cual la mujer, por su naturaleza científicamente establecida, estaba destinada a cumplirlo. Por un lado, se alentaba a los hombres a regocijarse de su nueva condición en el seno de la clase laboriosa, y por otro, a las mujeres se les redefinía subrepticiamente como matrices ambulantes, y a tiempo completo, de la sociedad. Filósofos y médicos se pusieron de acuerdo para «iluminar» a la sociedad sobre la verdadera naturaleza del cuerpo y el alma de la mujer. Esta nueva concepción de su «naturaleza» la destinaba inexorablemente a actividades en un tipo de hogar que la excluía del trabajo asalariado tan eficazmente como le prohibía cualquier contribución a la subsistencia familiar. En la práctica, la teoría del valor-trabajo fundaba la nueva división económica de los sexos, transformaba al hombre en catalizador de oro y degradaba a la mujer confinada al hogar como ama de casa económicamente dependiente y, por vez primera, improductiva. Tal y como Kant lo describió, la mujer fue desde ese momento la bella propiedad, el fiel sostén del hombre y, con ese título, le era menester el refugio del hogar.
La guerra burguesa contra la subsistencia sólo obtuvo una adhesión masiva cuando el «bajo pueblo» se transformó en honesta clase laboriosa, compuesta de hombres y mujeres económicamente distintos. Como miembros de esa clase, el hombre se hizo connivente con su patrón: los dos se preocuparon paralelamente de la expansión económica y de la supresión de la subsistencia. Pero a esta colusión fundamental entre capital y trabajo en la guerra contra la subsistencia la velaba el ritual de la lucha de clases. En tanto jefe de una familia que dependía cada vez más de su salario, el hombre estaba incitado a considerarse como el que asumía el peso de cualquier trabajo legítimo de la sociedad, y a ver en su mujer a la guardiana improductiva de un hogar que inevitablemente dependía de él. En y por la familia, las dos formas complementarias del trabajo industrial se habían fusionado: trabajo asalariado y trabajo fantasma: hombre y mujer, afectivamente alienados por las actividades económicas de subsistencia, se convirtieron en el móvil de su mutua explotación en beneficio del patrón y de la acumulación de dos tipos de bienes de capital: de un lado los instrumentos al servicio de los cuales se efectúa el trabajo asalariado; del otro, los bienes de capital vinculados con el trabajo fantasma. Illich, El trabajo Fantasma (1980)
Pronto serán ellas las que peleen por sus derechos, pero tendrán que esperar su turno después de las empresas.
«las mujeres debían desde ahora estimarse favorecidas —más que coaccionadas— por mantenerse en su propia esfera, en donde su eminente función era debidamente alabada. Al mismo tiempo que perdieron su igualdad a nivel económico perdieron un gran número de prerrogativas legales, incluyendo el derecho al voto. Perdieron oficios tradicionales —en particular de lo obstétrico, en donde fueron suplantadas por los parteros— y se les obstaculizó el acceso a las nuevas profesiones. Su segregación económica reflejaba el desplazamiento de la satisfacción de las necesidades domésticas esenciales, confiadas, a partir de entonces, a productos creados por el trabajo asalariado de gente cuya actividad se ejercía fuera de su hogar. Privada de subsistencia, marginal en el mercado del empleo, el ama de casa era reducida a la frustrante tarea que consiste en organizar el consumo forzado». Illich, La convivencialidad
La huelga termina en tragedia, luego de la explosión vienen la cárcel y las ejecuciones, pero aun así, a fines de mayo todos “ganan” la batalla.
Ocurrió en Washington, en 1886.
Las empresas gigantes conquistaron los mismos derechos legales que los ciudadanos vulgares y silvestres.La Suprema Corte de Justicia anuló más de doscientas leyes que regulaban y limitaban la actividad empresarial, y al mismo tiempo extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas. La ley reconoció a las grandes empresas los mismos derechos de las personas, como si ellas también respiraran: derecho a la vida, a la libre expresión, a la privacidad…
A principios del siglo veintiuno, así sigue siendo.
Señor Corporación, de Espejos. Una historia casi universal. Eduardo Galeano

La jornada se divide desde esa fecha conmemorativa, en ocho horas para descansar y dormir, ocho horas para el trabajo asalariado y ocho horas para el trabajo fantasma.

David Castro.


Bibliografía y citas. Ivan Illich, Obras Reunida I y II, Fondo de cultura economica. Lewis Mumford, Técnica y Civilización (1934). Alianza